
El pasado 30 de septiembre, el Hospital Universitari Son Llàtzer acogió la tercera jornada conmemorativa de su 25 aniversario, bajo el lema «25 años de procesos que cuidan: cuando la voz del paciente transforma el hospital» y con una idea transversal que resumía el espíritu del encuentro: «La cura comienza escuchando». La jornada reunió a pacientes, profesionales y expertos para reflexionar sobre cómo la experiencia y la participación de la ciudadanía pueden contribuir a transformar los procesos asistenciales y la propia organización sanitaria.
La jornada se estructuró en torno a dos grandes bloques. El primero, «La experiencia que transforma», permitió conocer experiencias de pacientes y profesionales de Son Llàtzer, así como diferentes iniciativas asistenciales desarrolladas por el hospital. También contó con la participación del Dr. Gabriel Heras, que abordó la incorporación de la voz del paciente en entornos de alta intensidad, y permitió presentar proyectos relacionados con la innovación, la humanización y el acompañamiento de las personas durante el proceso asistencial.
El segundo bloque, «De la experiencia a la corresponsabilidad», situó el debate en una perspectiva más amplia: el papel social de los hospitales y su relación con la ciudadanía. Tras la ponencia magistral de Conrado Domínguez Trujillo, titulada «Hospitales que escuchan, hospitales que transforman: gestión, valor y responsabilidad social», tuvo lugar la mesa redonda «La responsabilidad social de los hospitales».
En ella participaron Clara Grau Corral, de Atención y Participación Ciudadana del Hospital Universitari Vall d’Hebron; Luis Miguel Alegre Latorre, director de Innovación y Proyectos del Hospital Universitari Son Espases; Joan Carles March Cerdà, cofundador y codirector de la Escuela de Pacientes de Andalucía, y Xavier Burjons, vocal de Cataluña y Baleares de la Sociedad Española de Atención al Usuario de la Sanidad (SEAUS).
Desde la perspectiva de la SEAUS, Xavier Burjons centró su intervención en una idea esencial: el paciente no vive el hospital en forma de organigramas, servicios y circuitos, sino como una experiencia. Por ello, la calidad asistencial debe incorporar también dimensiones como la información, la comunicación, la accesibilidad, la coordinación, el respeto y la posibilidad de participar en las decisiones.
Burjons destacó asimismo la necesidad de avanzar desde una concepción basada exclusivamente en los derechos hacia una visión de derechos, deberes y corresponsabilidad. El ciudadano debe poder ejercer sus derechos, pero también participar activamente en el cuidado de su salud y hacer un uso responsable de los recursos sanitarios.
Uno de los mensajes centrales de su intervención fue que escuchar no es suficiente. La participación adquiere verdadero sentido cuando la organización es capaz de demostrar qué ha cambiado gracias a lo que los pacientes han aportado. En este sentido, planteó la necesidad de evolucionar desde la consulta y la escucha hacia la cocreación, incorporando a pacientes y ciudadanía antes de tomar determinadas decisiones.
La intervención puso también el foco en una dimensión especialmente vinculada a la responsabilidad social de los hospitales: garantizar que la participación sea realmente inclusiva. Escuchar a la ciudadanía significa hacer un esfuerzo consciente por llegar a todas las personas, especialmente a aquellas que encuentran más barreras para participar. La responsabilidad de una organización sanitaria no puede limitarse a ofrecer espacios de participación, sino que debe procurar que las desigualdades sociales, económicas, culturales, territoriales o relacionadas con las propias capacidades de las personas no se conviertan también en desigualdades en su posibilidad de ser escuchadas.
En este sentido, un hospital socialmente responsable debe intentar reducir al máximo las desigualdades en la participación y crear las condiciones para que todos los ciudadanos puedan expresar su experiencia, sus necesidades y sus propuestas. No se trata únicamente de escuchar a quienes ya tienen capacidad para hacerse oír, sino de desarrollar mecanismos que permitan incorporar también las voces que habitualmente quedan fuera.
La intervención concluyó con un reto especialmente significativo para Son Llàtzer en su 25 aniversario: que la participación deje de ser un proyecto concreto para convertirse en cultura organizativa. Cuando la voz de pacientes y ciudadanía forma parte habitual de la gestión, el hospital no solo mejora su calidad asistencial, sino que refuerza también su legitimidad social como institución pública al servicio de toda la ciudadanía.



